Encuesta sobre el coronavirus para las diferentes regiones de Colombia

La Covid-19 es una enfermedad viral de fácil contagio que se ha expandido por el mundo  causando centenares de miles de muertes, especialmente entre adultos mayores y personas con preexistencias médicas.

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Para desacelerar el contagio de esta enfermedad el gobierno nacional de Colombia decretó, en el marco de una emergencia sanitaria y económica, un aislamiento obligatorio para toda la población del país a partir del 25 de marzo de 2020. Con sucesivas prolongaciones y una lenta reanudación de las actividades individuales y económicas, el aislamiento ha durado ya más de dos meses. Dado el impacto de esta medida en la cotidianidad de las personas y su constante presencia en los medios de comunicación, no es de extrañar que el 99% de los encuestados manifestaran estar enterados de la cuarentena decretada por el gobierno.


A pesar de las dificultades económicas y de la restricción a la libertad de movimiento que esta medida ha generado, en general la población ha estado de acuerdo con ella. Un 92% de los encuestados respondió que estaba de acuerdo o totalmente de acuerdo con el aislamiento obligatorio. Y esto independientemente de si en su hogar había personas enfermas con hipertensión arterial, diabetes, problemas respiratorios o enfermedad coronaria. Sin embargo, las respuestas a esta pregunta sí se diferencian según la edad, pues en el caso de los adolescentes el respaldo a la medida llegó al 84% (de acuerdo o totalmente de acuerdo con ella). Por su parte, y como era de esperarse por ser el grupo de mayor riesgo, el respaldo a la medida fue mayor (96%) entre las personas mayores de 60 años.

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A pesar de que la población se ha enterado de la cuarentena y en su mayoría ha estado de acuerdo con ella, muchas personas consideran que no se ha dado información precisa, teniendo en cuenta que el 33% de los encuestados opina que la información dada por las autoridades ha sido poco clara.

Pero, al parecer, una cosa es estar de acuerdo con la cuarentena y otra cumplirla. Aunque el 89% de los encuestados consideran que ellos solamente salen para lo estrictamente necesario, también manifiestan que en sus municipios la cuarentena no se cumple a cabalidad. De todos los encuestados a nivel nacional, el 46% considera que la gente no está cumpliendo o está cumpliendo poco la cuarentena. Las personas encuestadas piensan que hay dos razones principales para que la gente esté incumpliendo esta medida: la primera, para satisfacer las necesidades del hogar (46%), y la segunda, porque la gente cree que el virus no lo va a afectar (32%).

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El aislamiento obligatorio se decretó para desacelerar la expansión de la enfermedad, así que probablemente no sea casualidad que la percepción de incumplimiento sea mayor en las ciudades y departamentos donde más afectación ha tenido el COVID-19. Por ejemplo, el 63% de los encuestados en el Valle del Cauca y Bolívar, cuyas capitales han requerido medidas adicionales y mayor atención del gobierno nacional, consideran que los habitantes de sus respectivos departamentos no están cumpliendo la cuarentena o la están cumpliendo en poca medida. Por otra parte, en Antioquia, el 31 % de los encuestados consideran que el aislamiento no se cumple o se cumple en poca medida. Mientras que en Bogotá esa cifra llega al 51%.

En cuanto a la situación de salud de los hogares durante la cuarentena, el 23% por ciento de las personas encuestadas dijo que en su hogar alguien se había enfermado durante este período. De esos hogares, 20% intentaron obtener atención médica pero no la consiguieron, mientras que 52% afirman que no se requería atención médica y por eso no la buscaron. Cabe destacar entonces, por una parte, que aún durante la emergencia sanitaria persiste la dificultad de algunos hogares para obtener atención médica. Y, por otra parte, que un gran porcentaje de personas no buscó atención médica para su problema de salud. Dado que la COVID-19 se da en muchos casos con síntomas leves, es posible que muchas personas hayan tenido la enfermedad pero no hayan buscado atención médica.  También es posible que una parte de esas personas no quisieran buscar atención médica por el riesgo a contagiarse de COVID-19 en un ambiente hospitalario. Finalmente, el 28 % de los hogares en los que alguien se enfermó sí buscaron y obtuvieron atención médica.

En cuanto a la situación de los estudios, durante el aislamiento obligatorio colegios y universidades se han adaptado para seguir ofreciendo sus cursos de manera virtual. De este modo, en la gran mayoría de hogares no se detecta un cambio en el número de personas que estudiaban antes y después del inicio de la cuarentena. Sin embargo, en un 15,4% de los hogares hubo al menos una persona que suspendió sus estudios. Y un dato más preocupante hacia futuro es que en el 27,9% de los hogares hay incertidumbre acerca de si alguno de sus miembros abandonará sus estudios como resultado de la cuarentena.

Por otra parte, a quienes han continuado estudiando de manera virtual les han surgido algunos contratiempos relacionados con la mala conexión a internet (42%), la falta de espacios adecuados (37%) y la falta de claridad en las instrucciones para realizar las actividades (39%). El alto índice de estudiantes que señalaron como un problema la mala conexión a internet muestra que el país aún debe avanzar en conectividad, y con mayor razón en un contexto de telestudio y teletrabajo.

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En lo referente a la situación laboral de los hogares, desde el comienzo del aislamiento obligatorio el gobierno ha hecho énfasis en la necesidad de que los empresarios preserven el empleo. Sin embargo, dado el cierre de empresas y comercio, y la alta informalidad del trabajo en el país, el empleo ha sufrido considerablemente, como lo evidencia el que el 35% de los encuestados hayan dicho haber perdido su trabajo. Ahora bien, la pérdida del trabajo ha afectado desigualmente a las personas de acuerdo con su nivel educativo. Por ejemplo, mientras el 51% de las personas que alcanzaron el grado de bachillerato dijeron haber perdido su trabajo, el 28% de quienes lograron un grado universitario dijeron estar en esa misma situación, mientras que a solo el 8% de que quienes cursaron maestría o un grado superior les ocurrió lo mismo. Los trabajos informales generalmente los desempeñan personas con nivel menor educativo, así como los trabajos manuales que requieren una presencia física, mientras que un mayor nivel educativo permite obtener un empleo donde se puede trabajar a distancia.  

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Algunos de los efectos de esta situación del empleo se han visto, por ejemplo, en el pago de los arriendos o créditos hipotecarios, pues el 31,5% de las personas encuestadas manifestó no haber podido seguir realizando estos pagos. Las consecuencias también se han sentido en la salud mental de las personas y en sus hogares. Por ejemplo, el 32% de las personas que perdieron su trabajo manifestaron sentirse siempre o casi siempre sin confianza, mientras que esto solo le ocurre al 15% de quienes dijeron seguir empleados. Asimismo, entre quienes han perdido su trabajo hay una mayor proporción de personas (43%) que consideran que las tensiones han aumentado en su hogar en comparación con los otros grupos (33%). 

Pero no solo la falta de trabajo ha afectado las relaciones en los hogares. El aislamiento obligatorio ha forzado a pasar todo el día juntas a personas que antes repartían su tiempo entre diferentes lugares. A mayor interacción es de esperar que se generen mayores tensiones, como dice haberlo experimentado el 39% de las personas encuestadas. Esta cifra es mayor entre los adolescentes y adultos jóvenes, pues 62% de los jóvenes entre 13 y 19 años y el 44% de las personas entre 20 a 29 años consideran que las tensiones en sus han aumentado en sus hogares, mientras que ese mismo porcentaje en las personas de 50 años o más es del 29%. Quizás los jóvenes deben lidiar con la autoridad de familiares que ahora deben permanecer en casa, a la vez que ya no  pueden salir a estudiar o entretenerse. Igualmente, los jóvenes consideran en una mayor proporción que la privacidad ha disminuido en el hogar, pues mientras el 45% de las personas entre  13 y 29 años así lo piensan, entre las personas de 30 a 50 esa cifra es del 37%. 

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Pero el aislamiento también ha tenido consecuencias positivas. El 83% de las personas encuestadas afirman que en su hogar ha aumentado el diálogo y el 73% las actividades en común, y un 73% que se ha dado una reasignación más equitativa de las tareas del hogar. Hacia futuro, justamente un 12,6% personas encuestadas consideran que una de las consecuencias positivas del aislamiento va a ser la unión familiar generada. Por otra parte, estos cambios no necesariamente implican un cambio en las relaciones, pues el 83% de los encuestados considera que estas se han mantenido igual. Otras consecuencias positivas de esta situación que atraviesa el país se han dado en el plano comunitario. El 60% de las personas encuestadas señalan que en su barrio se han realizado una o varias acciones de solidaridad como: compartir alimentos con los más necesitados (34%), compartir información (29%), comunicarse para conocer la situación de los demás (20%) o compartir el internet o los teléfonos móviles (10%). 

Por otro lado, el aislamiento obligatorio ha tenido consecuencias en el uso del tiempo libre en los hogares. Con la imposibilidad de salir a hacer ejercicio durante la primera etapa del aislamiento, el 60% de los encuestados afirmó que había disminuido la cantidad de ejercicio que hacía. El 47% de los encuestados dijo dedicarle más tiempo a informarse o a ver películas o televisión. Mientras que 53% de las personas encuestadas dijeron dedicarle más tiempo a cocinar, el 55% de personas a ver redes sociales, y un 44% a orar. Como era de esperarse en situación de aislamiento, el uso de teléfonos subió para el 66% de las personas. 

En la medida de las posibilidades la población se ha adaptado a las medidas de aislamiento obligatorio. Pero las mayores dificultades se han presentado en relación con la salud y el empleo. Para los encuestados, las consecuencias negativas del COVID en su municipio serán en temas relacionados con el empleo y la economía (65,3%) o con la salud y fallecimientos (31,5%). Hasta el momento, la curva de contagios y fallecimientos en Colombia, en comparación con otros países, se ha mantenido baja. Quizás la gente se preocuparía en mayor proporción por la salud las autoridades no hubieran tomado medidas de prevención a tiempo y los contagios y fallecimientos se hubieran disparado. Pero, por otra parte, este es uno de los dramas de la situación actual, a pesar de los contagios y los fallecimientos que haya la gente necesita seguir devengando ingresos para sostener su hogar. Esto hará que el factor económico siempre esté presente como una preocupación primordial de la gente. Por ello el gobierno ha optado por reabrir progresivamente la economía, pero con estrictos requisitos de bioseguridad para seguir protegiendo la salud de los colombianos.

 Finalmente, como positivas del aislamiento, se resalta una mayor unión familiar/comunitaria y solidaridad (18,5%), una mejoría en la salud, los hábitos saludables, la prevención y efectos positivos sobre el medioambiente (12,6%). 

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